Tres vecinos impulsan rutas en todoterreno por pistas de montaña de Fornelos, Covelo y A Lama y preparan un pequeño glamping junto al Barragán

Citar a un cura, un hostelero y un comercial podría parecer el inicio de un chiste, pero no. En la Serra do Suído, la combinación describe a tres amigos que decidieron tomarse en serio una idea largamente conversada: mirar el territorio no como un decorado, sino como un proyecto. «El Suído no tiene nada que envidiar a Os Ancares o O Courel», sostiene Javier Blanco. Lo dice con conocimiento de causa. Nació en Ventín, en Fornelos de Montes, hace 56 años, y durante décadas desarrolló su carrera profesional como comercial en el sector de las telecomunicaciones. Durante años, el plan fue poco más que una hipótesis recurrente en las sobremesas entre amigos. Hasta que en el 2024, tras un expediente de regulación de empleo en la empresa en la que llevaba 25 años, decidió cambiar de rumbo. «A los 54 dejé la tecnología y me volqué en el rural», resume.

Antonio Amoedo, de 39 años, llevaba tiempo adelantándose a ese movimiento. Hostelero y propietario desde hace doce de Casa Nagarola, recorría la sierra en un todoterreno restaurado para mostrársela a clientes y conocidos. Lo hacía casi de manera altruista, impulsado por una convicción que acabaría convirtiéndose en el núcleo del proyecto: que el Suído era una rareza paisajística y patrimonial demasiado cercana a Vigo como para seguir siendo invisible.

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